Equinoccio de la Primavera del 21.
Nos encontrábamos en la ceremonia de enlace de unos amigos, compartido por más personas.
Un ritual atípico en el que los enteógenos y la música estaban presentes. Un lugar en el que podíamos ser nosotros sin filtros.
Tras la ceremonia la fiesta se abría paso. Pensamos que ese era un buen momento para la toma. Esa noche haríamos una dosis heroica como se suele decir. Yo consumiría 200 microgramos de LSD, mi pareja 400.
Muy rápidamente empecé a notar esa sensación en el estómago que te indica que se viene algo intenso, esos nervios previos, esa emoción.
De repente se para la música, se encienden las luces. Es momento de dar nuestros presentes a los novios. No me siento preparada.
Salgo a tomar el aire (Como si un poco de aire pudieran aplacar 200 microgramos de dietilamida de ácido lisérgico) a ver si me recompongo un poco antes de volver a dentro.
Este recuerdo lo tengo tan nítido que al recordarlo aún me sobrepasa esa sensación.
Estábamos en una casa de piedra en medio de la naturaleza. Había una piscina, una zona con caballos y mucho jardín. Había también un pequeño lago y muchos árboles, entre ellos unos cipreses de unos 5 o 6 metros de altura.
Cuando salí a tomar el aire a la terraza, me senté en el suelo y me dí un tiempo, esperando tomar cierto control de la situación.
Recuerdo que en ese momento, me llamaron los cipreses. Me quedé hipnotizada de cómo el viento los movía. Entre los cipreses y el cielo, una fina linea de color violeta. Hipnotizada por su movimiento, los cipreses cobraron vida y ahí fui consciente por un instante de la magnitud del viaje que emprendería.
Volví hacía la celebración, que me parecía ahora se estaba celebrando en otro plano diferente del que yo estaba. Poco a poco fui perdiendo más y más la compostura… Con la poca conciencia que me quedaba fui a buscar a mi pareja y a retirarme a la habitación. Necesitaba tumbarme y buscar un lugar tranquilo.
Recuerdo que había que bajar unas 7 escaleras y que eso se convirtió en una gran hazaña. Tenía que sujetarme a la pared, arrastrarme por ellas para no caerme, y con mucho esfuerzo llegué a la habitación.
Recuerdo a un amigo visitándonos y poco más. Ahí empezó un período tan intenso que se me desdibuja en el tiempo.
Recuerdo mirar a una pared blanca y de ella surgían imágenes y movimientos. Serpientes, pirámides, simbología ancestral. Colores muy vívidos. Verde lima, violeta, amarillo y azul. Recuerdo que al cerrar los ojos, esas imágenes se creaban en mi interior.
Después de un rato, mi pareja vino y se tumbó a mi lado. Cogidos de la mano y emprendiendo ese viaje juntos. A veces abríamos los ojos y nos mirábamos, viendo en los otros ojos la magnitud de la experiencia.
Cuando nos acostumbramos a esos estímulos visuales, algo más profundo sucedió.
En ese momento, mi cuerpo físico se quedó en la cama, sentí una disolución del Ego, y mi verdadero Yo se elevó saliendo de mi envoltorio, atravesó un plano y llegó a la matriz.
Ahí, entendí realmente TODO, aunque en esta realidad física me cuesta expresarlo.
Entendí que somos parte de esa matriz o totalidad.
De repente, era yo, pero también era mi pareja; Él estaba en mí, yo estaba en él. Podíamos ver nuestros propios pensamientos y comunicarnos telepáticamente. Era una experiencia tan fuerte, que de vez en cuando nos mirábamos a los ojos para entender que eso que sucedía estaba siendo real…y sí, lo era.
No sé muy bien cómo explicarlo, porque en el mundo físico no tenemos ese software, pero sé que ahí lo comprendí.
Luego recordé un poema que me encanta, se llama Samadhi (Es el término de «iluminación» en el Yoga) y, en este extracto se define perfectamente lo que sentí:
Tú eres yo, yo soy Tú,
Cognoscente, Conocedor y Conocido,
¡todo uno!
Apacible, inalterable emoción, eternamente viviente, paz siempre renovada
Gozo más allá de toda expectación imaginada,
es la ¡bienaventuranza del Samhadi!
No un inconsciente estado o anestesia mental sin regreso voluntario.
El Samadhi extiende mi reino consciente más allá de los límites de mi ser mortal
Hacia el más lejano confín de la eternidad.
Dónde Yo, el Mar Cósmico, contemplo al pequeño Eglo flotando en Mí.
Los móviles murmullos de los átomos resultan audibles,
la oscura tierra, las montañas y los valles…
¡Se licuan!
¡Fluyentes océanos tórnanse vapores de nebulosas!
OM sopla sobre los vapores,
abriendo prodigiosamente sus velos.
Los océanos aparecen revelados en luminosos electrones.
Hasta que al final, el tambor cósmico desvanece las materiales luces
en eternos rayos de omnipresente bienaventuranza.
Después de esa fuerte unión, la intensidad se rebajó un poco. No sé cuántas horas llevábamos allí, para mí, habrían pasado de 4 a 8 horas.
Esto es algo que siempre me llama la atención, como en otros planos de conciencia cambian la percepción de tiempo y espacio. Como en esos planos no existe el frío o el calor.
De repente, la puerta de la habitación se abrió. Cabe decir que esa habitación tenía varias camas y la compartimos con más gente, que en ese momento estaban en la fiesta.
Una compañera venía a dormir.
En ese momento, quisimos guardar la compostura por respeto, y al querer fingir que todo estaba bien, llegó la siguiente fase del viaje…. los ataques de risa.
Al querer silenciarlos, los ataques se hacían más y más fuertes. Era como volver a la inocencia de la niñez, cuando en una clase estabas con tu amigo y el profesor os llamaba la atención, y eso os daba más risa todavía, y eso hacía que el profesor se enfureciera y eso te daba más risa aún….
Dios, cuánto tiempo hacía que no me reía así. Llorar de la risa, reír tanto que no puedes ni pronunciar carcajadas, que crees que te va a dar algo…. Es quizás una de las mejores sensaciones del mundo.
Imagina la escena. Una habitación oscura con varias camas. en un extremo nosotros, en otro la pobre chica que quería dormir.
Ella tan normal, nosotros en un tripazo de LSD simulando que estábamos bien. Llorando de la risa mientras nos hacíamos la señal de silencio el uno al otro y las lágrimas recorrían nuestro rostro.
De repente se me ocurre preguntarle qué hora es. Yo creía que debían ser las 6 de la mañana y que habíamos pasado toda la noche allí.
- ¿Qué hora crees que es? Me pregunta ella
- ¿Qué es el tiempo? Le respondo yo
Tras varias risas ella nos dice,
- Son las 01:30h.
- ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿Cómo??????????????????
- ¿Es pronto o tarde?
- ….. (Ay si te contara)
Quisimos respetar su sueño y pensamos que lo mejor era salir de allí. Al querer abrigarnos nos damos cuenta que nuestra ropa no está en la habitación. Tampoco nuestros zapatos.
Ya tenemos misión.
Las misiones en los trips te ayudan a volver a tierra. Es un perfecto anclaje.
Salimos de la habitación y nos sentimos embriagados por el exterior. El aire nos habla. Literalmente.
Entramos en la casa y …. ¡boom!
Música, gente bailando, nuevos estímulos.
La música se apodera de mí y entro en trance. Recuerdo muchos momentos con mi amiga dejándonos llevar por la música, bailando con nuestras manos…. Recuerdo compartir esos momentos con otras personas.
Tengo un recuerdo muy nítido de ver a una chica y quedarme mirando fijamente su cara, que se iba convirtiendo en jaguar. Su piel se iba fundiendo con la piel del jaguar, y sus facciones se acentuaban.
Vi el alma esencial de algunas de las personas que estaban allí.
Después de vete a saber cuanto tiempo, al final nos retiramos a dormir. Era cerrar los ojos, y las imágenes volvían a surgir de mi interior. Un fondo negro en el que figuras de color neon se creaban.
Al día siguiente, recuerdo ir a desayunar y tomarme una fresa como si jamás hubiera sido consciente de su sabor. Me encontré con la mujer jaguar y le expliqué mi experiencia… Ella se quedó atónita: Su tótem era el tigre y aquella noche había recibido el mote de Felina…
Al llegar a casa y aún con sensaciones en mi ser, me puse la película Apocalypto. No lo pensé, simplemente lo necesité.
Cuánto lloré de emoción.
Lloré y lloré, y lloré por todas aquellas personas que han pasado por el mundo y el miedo no les ha dejado vivir. Y lloré porqué entendí que habían personas que se habían ido sin sentir aquello que esa noche sentí.