La psicodelia de las brujas
Mucho se ha hablado entorno a la psicodelia de las brujas, sin embargo, los elementos mostrados son habitualmente exagerados y otros sacados de contexto. La realidad del vuelo de las brujas a través de la ponzoñería1 se manifiesta habitualmente mediante dos grandes vías, la del ungüento y la del vino. En este breve artículo, nos centraremos en el primero, la Vía del Ungüento.
Pero, antes de nada, debemos recalcar que el vuelo de las brujas o la transvección2 forma parte de los resquicios de la olvidada y antigua chamanidad europea, que busca la comunión con los espíritus de este y del otro lado. Bajo un paradigma animista, en un estado extático (salida del espíritu del cuerpo) y donde todo tiene un alma o esencia, desde plantas a lugares, la bruja opera con esos espíritus como aliados e incluso como maestros. En este punto, el ungüento se manifiesta como la clave mistérica, el elemento que ayuda a elevar el espíritu de la bruja para su contacto.
La vía del ungüento
Y es que la unción se encuentra entre los actos más sagrados de diversas religiones, entre ellas las judeocristianas, pero también en otras tradiciones mistéricas de la antigüedad. El acto de ungirse para la bruja forma parte del paso mistérico de comunión con la Otredad, en cierta manera, el ungüento actúa en el proceso de transvección permitiendo la salida de la segunda piel, armonizando al cuerpo y liberando el alma.
Uno de los procesos de unción en la mitología más famoso es la de la bruja Panfilia, en la Metamorfosis de Apuleyo, en la cual ella aplica el ungüento con la finalidad de transformarse en un ave nocturna. Lo cierto es que este ungüento teriomórfico3 y los muchos otros, son convertidos en discursos que sirvieron para suplir los intereses de los grupos de poder en determinados momentos. Entre estos discursos se encuentre el del famoso ungüento herético, cuya composición es una mezcla de elementos execrables, de los cuales destacan la grasa de infante no bautizado, sangre de murciélagos y vísceras de suicidas, entre muchos otros ingredientes que no invitan precisamente a ser untados.
Componentes herbales del ungüento
Pero alejándonos de esta visión macabra y fantasiosa de la brujería y acercándonos a ese Arte desde una perspectiva animista que gira en torno a los diversos aliados vegetales que forman parte del viaje visionario de las brujas. Debemos ir más allá de la importancia del propio acto de ungirse, debemos analizar los componentes herbales del ungüento de las brujas, en los cuales vemos mandrágora, belladona, beleño negro (todas ellas solanáceas), acónito y cicuta entre otras mortíferas. Está claro que el ungüento de las brujas se encuentra en composición muy lejana de los compuestos serotoninérgicos presentes en los preparados de las diversas tradiciones chamánicas del mundo entero. Si bien es cierto que existe presencia de solanáceas como elementos espirituales en tradiciones chamánicas, esta es minoritaria.
Los compuestos serotoninérgicos (es decir que se comportan como la serotonina o bien potencia su efecto) de origen vegetal son famosos por sus propiedades enteogénicas, algunas son muy conocidas como la ayahuasca, el psilocybes o incluso la ruda siria planta dedicada a Hécate, poseen un riesgo relativamente bajo a nivel fisiológico, a diferencia de las solanáceas las más características dentro de las plantas brujas. Sin embargo, el ungüento de las brujas es mortal, o, mejor dicho, puede llegar a serlo y eso es importante para comprender su sentido. Muchas de las solanáceas formaban parte de emplastos y pomadas que tenían la finalidad de tener actividad antihemorroidal, antipruriginosa o analgésica. Por ello, no era de extrañar que una mala posología pudiese despertar los poderes del veneno que se encuentran en estas plantas. Con ello quiero decir que el ungüento de las brujas forma parte de una casualidad (y causalidad) que deriva a un dominio de la ponzoñería más funesta.
Riesgos y reflexiones
Las solanáceas poseen propiedades farmacodinámicas de tipo anticolinérgico, es decir, actúa impidiendo la acción de la acetilcolina de nuestro cuerpo provocando los famosos efectos de sequedad bucal y midriasis (dilatación de la pupila), pero también taquicardias y broncoespasmos que pueden llevar a la muerte.
Y es que mientras redacto esto, recuerdo una conversación con Eva donde ella me decía que “el trabajo con solanáceas en campo de la psicodelia no es para todo el mundo”, y posiblemente esto sea cierto. No por una razón de privilegio hacia los que dominamos la ponzoñería, ni tampoco por poseer algún supuesto privilegio divino. Esto se debe a que el trabajo con los venenos mortíferos difiere de los visionarios en el peligro físico que conlleva su uso. El dominio de la posología será imprescindible para poder aportar seguridad frente al riesgo que conlleva su uso y su aprendizaje no es sencillo.
Acercarse al misterio del ungüento implica una gran dedicación y sinceridad real de comprender los espíritus herbales que prestan su ayuda a través del ungimiento con sus dones, pero esto es igual a cualquier senda visionaria, bajo la visión de cualquiera que sea la corriente de chamanidad que se siga.
Vini de Monte, de @brujeriaiberica
Nota: En la actualidad hay diversas tradiciones que se autodenominan practicantes de brujería, pero no en todas ellas está presente la figura del ungüento o las practicas con venenos. En todo momento me estoy refiriendo a visiones personales de practicantes brujería tradicional o brujería folclórica.
1. Ponzoñería: arte del dominio del veneno (=ponzoña) como elemento que permite el contacto con lo espiritual. La ponzoñería es denominada habitualmente como Veneficium o Ars Venefica en diversos tratados sobre la brujería como el dominio de los venenos por parte de los brujos para realizar sus actos. 2. La transvección es un anglicismo de Transvection que significa levitación o vuelo. Habitualmente este término es usado por parte de practicantes de brujería tradicional de habla inglesa para referirse al vuelo del espíritu. 3. Teriomórfico hace referencia a la toma de forma de animales salvajes como puede ser aves nocturnas, sapos, serpientes, etc. Un ejemplo famoso de teriomorfismo es la licantropía que sería la toma de una forma lupina por parte de un humano.