Hace unos cuantos años empecé a sentir un dolor intenso en la espalda baja. Por ese entonces tendría sobre unos 30 años, y lo asocié a una sobrecarga por practicar deporte, por el trabajo y las malas posturas.
Había tenido algún que otro episodio antes, pero como todo el mundo, que de vez en cuando nos toca sufrir por alguna cosa. Esta vez era diferente. Fueron pasando las semanas y la cosa no mejoraba. Al dolor había que sumarle la movilidad, que era menor de lo habitual y el poco progreso con el paso de los días.
Aunque siempre fui de tomar pocas pastillas e intentar paliar los dolores con estiramientos, ejercicios de relajación y respiración, infusiones herbales y descanso, esta vez necesitaba algo más fuerte.
A la ingesta de antiinflamatorios y relajantes musculares recetadas por el médico, añadí varias visitas regulares al fisioterapeuta, pero el dolor persistía, no se acababa de ir nunca.
Después de algunas pruebas básicas como radiografías y exploración, el diagnóstico era un dolor de espalda mecánico y me recomendaban seguir tomando pastillas y hacer ejercicios para mejorar la movilidad.
La cosa mejoró pero nunca se fue del todo. Pasó 1 año aproximadamente y las molestias e incomodidad persistían, con picos de dolor en momentos puntuales. Podía hacer mi vida más o menos con normalidad e intentaba seguir con mi recuperación tomando el mínimo de analgésicos químicos posibles, sólo cuando era muy necesario.
Bolsas de agua caliente, muchos estiramientos, y friegas con aceites y tinturas vegetales me ayudaban a sentirme mejor pero seguía con un trasfondo de dolor a la mínima que no descansaba bien, o forzaba la postura. Era como si tuviera algo dentro de mi clavándome cuchillos en puntos de mi columna vertebral, sobre todo en el costado, a la altura de la cadera.
Diagnóstico:
Por ese entonces me había mudado de ciudad y pedí cita con mi nuevo médico de familia. Le comenté los dolores habituales que sufría y solicitó varias pruebas, entre ellas análisis de sangre para descartar enfermedades artríticas.
Después de los análisis, otras pruebas y visita al reumatólogo asignado, el diagnostico fue: EA, o sea, Espondilitis anquilosante.
La espondilitis anquilosante es una enfermedad autoinmune reumática crónica, de causa desconocida, caracterizada por dolores y endurecimiento paulatino de las articulaciones. Pertenece al grupo de las llamadas espondilopatías o espondiloartropatías seronegativas.
Afecta principalmente a la columna vertebral, a los ligamentos, inflamación denominada entesitis de la musculatura esquelética, en especial en la zonas cervical, lumbar, y la articulación sacroilíaca, pero puede afectar también otras articulaciones del cuerpo como la cadera, rodillas, hombros y el tendón de Aquiles. Durante el desarrollo de la enfermedad pueden aparecer inflamaciones oculares en el iris y en la úvea anterior. También pueden ser afectados otros órganos como los riñones, pulmones y corazón.
La peor noticia es que no existe una cura. Es algo con lo que deberé batallar el resto de mi vida, e intentar que me afecte lo mínimo posible.
Tuve la suerte de que mi nuevo médico de cabecera sospechó que podía ser una enfermedad de este tipo y pidió las pruebas pertinentes, entre ellas la del antígeno HLA-B27. Gracias a ello tuve un diagnóstico bastante rápido, ya que he leído que suelen tardar una media de 7-8 años en diagnosticar este tipo de enfermedades ya que suelen confundirse, como ya me pasó a mi, con problemas mecánicos, contracturas, etc. y no es fácil detectarla sin las pruebas exactas.
Tras conocer la mala noticia, fueron unos meses bastante duros a nivel físico y emocional, supongo que una cosa alimentaba a la otra.
Después de esa etapa, encadené una época bastante positiva, sin un dolor especialmente intenso. El tiempo pasaba y me sentía, dentro de todo, muy bien, con energía, sin prácticamente dolor. Eso hizo que olvidara un poco la enfermedad y que de alguna manera, me auto engañara en que no existía. Supongo que mi cerebro, con tal de protegerme, me hizo creer que había sido una falsa alarma y que, con una vida saludable, ejercicio y positividad todo eso quedaría atrás.
Golpe de realidad
Un día que estaba por casa tranquilamente, me caí al suelo doblado por la espalda, así, de la nada, perdiendo la movilidad casi completamente y sintiendo un gran dolor. No entendía qué había ocurrido, ya que no había realizado, a priori, ninguna acción que comprometiera mi espalda.
Estuve unos días «tirado» y la cosa no mejoraba del todo. A la que pude, fui al médico y me pidió varias pruebas, entre ellas, una resonancia magnética. La última que me habían hecho era hacía un par de años y estaba todo bien. Cuando llegaron los resultados fue un duro golpe de realidad: Tenía ya signos evidentes de la enfermedad, en forma de debilitamiento, edema y deformación de mi columna vertebral y cadera.
Aunque yo había dejado de lado la EA, ella había seguido su curso.
Ya no había vuelta atrás. Esto era muy real y debía dar un paso adelante, porqué el autoengaño sirve de poco; Quizás durante un tiempo es efectivo, pero a la larga hay que enfrentarse a las consecuencias y es un mal negocio.
CBD para combatir el dolor y rigidez:
A día de hoy, ya con mis pautas de medicación establecidas, seguimiento periódico y control médico, debo seguir adelante. Ahí apareció un aliado con el que voy a estar, seguro, hasta el fin de mis días: El CBD.
Lo más curioso de todo, es que justo durante el proceso de ser diagnosticado, mientras me hacían las pruebas y llegaban los resultados estaba ya introduciéndome en el mundo del CBD. Como consumidor habitual de cannabis y habiendo trabajado en el sector, me interesaba mucho el CBD y sus aplicaciones terapéuticas de forma aislada al THC, que suele ser un cannabinoide polémico, por decirlo así, y que abría un mundo esperanzador dentro del mercado legal del cannabis en Europa.

El consumo de CBD y mi propia experiencia:
La cosa es que las pruebas médicas siempre se alargan por el exceso de trabajo que tienen los Servicios de la Seguridad Social y la preocupante falta de personal y medios.
Yo ya usaba el CBD en mi día a día pero más como ansiolítico en momentos que tenía picos altos de ansiedad y también cuando tenía contracturas musculares o para paliar el dolor de muelas, por ejemplo.
Cuando me diagnosticaron la enfermedad y empecé con los tratamientos más invasivos que te recetan, mi relación con el CBD, sobre todo con el aceite, se consolidó definitivamente.
Soy consciente de que no es milagroso, ni me va a curar, pero me ayuda mucho sin pedir nada a cambio. Digo esto porqué la medicación que recibo, aunque efectiva, no deja de ser agresiva contra mi sistema. Lo que te da por un lado, te lo quita por otro.
Tomo el aceite CBD de forma habitual y con un porcentaje elevado porqué quiero un efecto potente. Me ayuda a rebajar el dolor, a consumir muchos menos antiinflamatorios y corticoides (recetada) y, a la vez, me rebaja la ansiedad y frustración que me provocan los efectos de la enfermedad, así como me ayuda a relajarme y poder descansar mejor.
Este es mi caso en particular, pero se que otras personas que tengan dolencias similares, les puede ayudar también. Y mucho.
De hecho, al principio, el sabor me resultaba un tanto incómodo al paladar, y con el tiempo me ha terminado gustando, como pasa con la cerveza o el vino. Incluso he llegado a aliñar alguna ensalada con ese aceite. Esto es una anécdota, lo que quiero decir es que estoy encantado con este producto. Y no es porqué quiera venderlo como remedio milagroso, es porqué creo en él y tengo la certeza de que puede ayudar a tantas personas que sufren de dolencias de todo tipo, entre las cuales me encuentro yo mismo.
Se que como yo, muchas personas están encantadas con el uso terapéutico del cannabis medicinal y otras que, directamente lo descartan.

Es totalmente lícito, cada uno tiene su opinión y no puedes forzar a nadie a hacer algo si no quiere. Entiendo que va más con los tabúes que van relacionados con la marihuana y porqué, evidentemente, no es una poción mágica y no hace milagros. Si con unas gotas se fueran todos los males para siempre como por arte de magia, nadie pondría en duda nada, y les importaría 3 pepinos la procedencia.
A mi, personalmente, me sabe mal, porqué pienso que siendo algo tan inocuo, sano y tan agradecido, sin grandes efectos adversos más allá de somnolencia o sequedad en la boca, me parece algo poco arriesgado como para, al menos, darle una oportunidad.
Conclusiones:
Releyendo el escrito me da la sensación que puede parecer que mi intención es vender un producto o promover su consumo. Quiero remarcar que todo es sobre mi propia vivencia, abriéndome, para que también se entienda porqué me interesa tanto el CBD y en general, el uso de cannabis medicinal.
Creo que hoy en día tenemos los recursos suficientes al alcance de la mano como para hacer nuestra propia investigación e informarnos a fondo de cualquier tema, así que no es necesario que alabe las cualidades de esta planta, que habla por si sola. Es verdad que aún faltan muchos más estudios y desarrollo pero por el momento las conclusiones son más que esperanzadoras.
Este texto es simple y llanamente una experiencia personal y una manera de ver las cosas que no tiene porqué conectar con todo el mundo. El hecho de ser usuario habitual de terapias herbales no me aparta de la medicina moderna actual, a la que debo agradecer, no sólo por mi, sino por muchos seres queridos, el gran servicio que da y lo importante que ha sido a lo largo de los tiempos.
A veces, a los que somos defensores de las terapias holísticas, de usar remedios naturales o las llamadas, de forma un tanto despectiva, terapias alternativas, se nos tacha de terroristas o inconscientes.
Creo que eso es totalmente sesgado e injusto, porqué no se trata de una lucha, sino de todo lo contrario. Hay que unir fuerzas para que el objetivo principal, que es tener una vida digna sin dolor ni sufrimiento, se pueda cumplir.
Además, muchas veces se menosprecia el uso de plantas terapéuticas cuando gracias a ellas se han podido sintetizar gran parte de los medicamentos actuales, así como muchos se siguen usando de forma enmascarada en los hospitales de todo el mundo, pero acaban tachando estas terapias de poco estudiadas a nivel científico, cuando está lleno de estudios probados con sus cualidades y beneficios para el organismo, así de como sus contraindicaciones, porqué las plantas no son inocuas.
Es una pena que lleguemos a estos puntos, en los que resulta hasta incómodo tener que dar la cara por todo ello, ya que es fácil ser tachado de loco, insensato, etc. pero a la vez tan necesario para que no acabemos siendo cómplices y víctimas de la dictadura del cómo ser y cómo pensar.

S, experiencia personal.
2 comentarios en «Experiencia personal con la Espondilitis anquilosante, Artritis, dolencias Reumáticas y el CBD»
Totalmente de acuerdo con usted, y apoyo totalmente todo su comentario, su criterio, y su punto de vista. Aunque yo soy un paciente de 44 años, CUBANO con una ESPONDILITIS ANQUILOZANTE que me tiene casi inválido por completo, y como vivo en CUBA se me ha hecho imposible conseguir el CBD, y es una lástima ya que estoy casi seguro que me ayudaría muchísimo
Pero por lo menos me queda la satisfacción, que usted mejoró.
Siento oír eso! Te mandamos fuerza desde aquí! Es una condición muy dura y frustrante-