Citas de mentes brillantes sobre etnobotánica y psicodélicos

Durante siglos, la relación entre el ser humano y las plantas y sustancias que alteran la mente o curan el cuerpo ha generado algunas de las reflexiones más lúcidas —y más citadas— de la ciencia y la filosofía. Desde el padre de la toxicología en el siglo XVI hasta los investigadores que en pleno siglo XXI reabrieron el estudio clínico de los psicodélicos, estas frases resumen ideas que siguen vigentes. Aquí recogemos las más relevantes, con su contexto real y, cuando existe, la fuente exacta.


1. Paracelso (1493-1541): El origen de la toxicología

«Sola dosis facit venenum» («Solo la dosis hace el veneno»)

Theophrastus Bombastus von Hohenheim, conocido como Paracelso, fue médico, alquimista y astrólogo suizo, y está considerado el padre de la toxicología moderna. Esta idea —resumida habitualmente en la frase latina «Sola dosis facit venenum» («solo la dosis hace el veneno»)— sigue siendo hoy el principio básico sobre el que se construye toda la farmacología: cualquier sustancia, por natural que sea, puede ser un remedio o un tóxico según la cantidad, la forma de exposición y la persona que la recibe.

Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim [Paracelsus]. Line engraving. | Wellcome Collection


2. Hipócrates (c. 460-370 a.C.): Una frase célebre… pero de origen dudoso

«Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina tu alimento.» — Atribuida a Hipócrates

Es probablemente la cita más repetida sobre alimentación y salud en el mundo, y se atribuye habitualmente al padre de la medicina occidental. Sin embargo, los historiadores de la medicina señalan que no existe base firme en el Corpus Hippocraticum (la colección real de textos hipocráticos) para confirmar que Hipócrates dijera esto literalmente. Es lo que se conoce como una cita apócrifa: probablemente resume bien su filosofía general —vinculaba la salud a la dieta y al estilo de vida—, pero no hay una fuente primaria que respalde la frase exacta. La incluimos aquí precisamente porque es un buen ejemplo de cómo las ideas correctas a veces se atribuyen a fuentes que no las dijeron.

Medicina: ¿La traición a Hipócrates? - espacioLogopedico


3. Aldous Huxley (1894-1963): Filosofía y mescalina

«Lo que hace falta es una nueva droga que alivie y consuele a nuestra doliente especie sin hacer a la larga más daño del bien que hace a la corta.» — Aldous Huxley, Las puertas de la percepción (1954)

El autor de Un mundo feliz experimentó con mescalina en 1953 bajo la supervisión del psiquiatra Humphry Osmond —quien, por cierto, acuñó el término «psicodélico» en colaboración con el propio Huxley—. El ensayo resultante, Las puertas de la percepción, toma su título de una cita de William Blake: «Si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre como es: infinito». Para Huxley, la mescalina no era una vía de escape sino una herramienta filosófica para cuestionar los límites de la percepción humana.


4. Albert Hofmann (1906-2008): El padre del LSD

«El uso equivocado e inapropiado ha convertido al LSD en mi niño problemático.» — Albert Hofmann, LSD: mi niño problema (1980)

El químico suizo Albert Hofmann trabajaba en los laboratorios Sandoz de Basilea investigando derivados del cornezuelo del centeno (un hongo parásito de los cereales) en busca de estimulantes respiratorios y circulatorios. El 16 de noviembre de 1938 sintetizó por primera vez la dietilamida de ácido lisérgico —el vigesimoquinto compuesto de esa serie, por eso se le llamó LSD-25—, pero sus efectos pasaron desapercibidos y el compuesto quedó archivado durante cinco años.

Todo cambió el 16 de abril de 1943. Hofmann decidió resintetizar una nueva muestra de LSD-25 siguiendo lo que él mismo describió como un «extraño presentimiento» de que merecía la pena revisarlo. Durante el proceso, absorbió accidentalmente una pequeña cantidad a través de la piel de los dedos. Esa misma tarde escribió en su informe al profesor Stoll que sintió «una notable inquietud combinada con un ligero mareo», y ya en casa vivió lo que describiría años más tarde en su autobiografía:

«En casa me recosté y me hundí en un estado no del todo desagradable, parecido a la embriaguez, caracterizado por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado de ensueño, con los ojos cerrados, percibí un ininterrumpido torrente de imágenes fantásticas, formas extraordinarias con un intenso y caleidoscópico juego de colores.» — Albert Hofmann, LSD: mi niño problema (1979)

Intrigado, decidió repetir la experiencia de forma deliberada y controlada. El 19 de abril de 1943, a las 16:20h, ingirió 250 microgramos de LSD —una dosis que él consideraba mínima, pero que hoy se sabe que es más de diez veces superior al umbral activo real (unos 20 microgramos)—. Los efectos llegaron con más fuerza e inmediatez de lo esperado, y como las restricciones de guerra prohibían el uso de coches en Basilea, tuvo que volver a casa en bicicleta acompañado de su ayudante de laboratorio. Aquel trayecto, marcado por una intensa distorsión visual y momentos de auténtico pánico (llegó a pensar que se estaba volviendo loco y que una vecina era una bruja maligna), se conmemora cada año en todo el mundo el 19 de abril, el «Bicycle Day» («Día de la Bicicleta»), la fecha que se considera el nacimiento simbólico de la era psicodélica moderna.

Sandoz comercializó después el LSD bajo el nombre Delysid para uso en investigación psiquiátrica durante los años 50 y 60, hasta que la sustancia fue prohibida en 1966-1968 en Estados Unidos y Europa por su uso masivo fuera de contextos controlados. A lo largo de su vida, Hofmann mantuvo una relación profundamente ambivalente con su propio descubrimiento: lo consideraba una herramienta con un enorme potencial terapéutico y espiritual —lo llamaba su «niño maravilla» o «prodigio»—, pero lamentaba el uso descontrolado que acabó frenando décadas de investigación científica seria, razón por la que también lo llamó su «niño problema»:

«El uso equivocado e inapropiado ha convertido al LSD en mi niño problemático.» — Albert Hofmann, LSD: mi niño problema (1980)

Poco antes de morir, con casi 100 años, reflexionaba con serenidad sobre su propia relación con la sustancia que había descubierto 63 años antes:

«Conozco el LSD, no necesito tomarlo. Tal vez cuando me muera, como Aldous Huxley.» — Citado en The New York Times, 7 de enero de 2006

(Huxley había pedido a su mujer que le inyectara LSD en su lecho de muerte, en 1963).

Albert Hofmann: el químico que abrió las puertas de la percepción - Principia


5. Carl Sagan (1934-1996): El astrónomo que defendía el cannabis en secreto (Mr.X)

«La ilegalidad del cannabis es escandalosa, un impedimento para el pleno aprovechamiento de una droga que ayuda a producir la serenidad, la introspección, la sensibilidad y la camaradería tan desesperadamente necesarias en este mundo cada vez más loco y peligroso.» — Carl Sagan, ensayo «Mr. X» (1969), publicado en Marihuana Reconsidered (1971)

Sagan, uno de los divulgadores científicos más influyentes del siglo XX, escribió este ensayo bajo el pseudónimo «Mr. X» para proteger su carrera académica en plena era del pánico antidroga. Solo se reveló que era el autor tres años después de su muerte, al publicarse su biografía. En el texto explicaba cómo el cannabis había influido en su creatividad y en su forma de abordar problemas científicos y sociales.

Carl Sagan, Mr. X y la marihuana | Cáñamo


6. Terence McKenna (1946-2000): El etnobotánico psiconauta

«A través de nuestros ojos, el universo se percibe a sí mismo. A través de nuestros oídos, el universo escucha sus propias armonías.» — Terence McKenna

Filósofo, etnobotánico y uno de los divulgadores más influyentes sobre plantas psicoactivas y hongos con psilocibina, McKenna defendió durante décadas que las sustancias psicodélicas de origen vegetal habían jugado un papel en la evolución de la conciencia humana (su célebre y controvertida «teoría del mono drogado»). Sus libros, como El manjar de los dioses (1992), popularizaron el estudio de la relación entre plantas psicoactivas y cultura humana mucho antes de que la ciencia académica retomara el tema en serio.

Terence McKenna The Transcendental Object At The End Of Time — DOP


7. Roland Griffiths (1946-2023): El renacimiento científico de los psicodélicos

«Simplemente soy un científico curioso, con la formación adecuada, en el momento adecuado, con los colegas adecuados, en la institución adecuada.» — Roland Griffiths, sobre su papel en el renacimiento de la investigación psicodélica

Griffiths, farmacólogo de la Universidad Johns Hopkins, lideró el estudio de 2006 que marcó el inicio de lo que hoy se conoce como el «renacimiento psicodélico» en la ciencia: la primera investigación rigurosa y controlada en décadas sobre los efectos de la psilocibina en voluntarios sanos. El 80% de los participantes describió la experiencia como una de las más significativas de su vida, comparable al nacimiento de un hijo o la muerte de un progenitor. Ese trabajo abrió la puerta a los ensayos clínicos actuales sobre psilocibina para depresión, adicciones y ansiedad ante enfermedades terminales, que hoy se investigan en instituciones como Johns Hopkins, NYU e Imperial College London.


8. María Sabina (1894-1985): La sabia mazateca de los «niños santos»

«El hongo sagrado me toma de la mano y me lleva al mundo donde se sabe todo.» — María Sabina, curandera mazateca de Huautla de Jiménez, Oaxaca (México)

María Sabina fue la chamana mazateca que, en 1955, ofició la primera ceremonia con hongos de psilocibina ante un extranjero: el banquero y micólogo aficionado R. Gordon Wasson. Aquel encuentro —publicado por Wasson en la revista Life en 1957 bajo el título «Seeking the Magic Mushroom»— fue lo que introdujo los hongos psicodélicos en la conciencia occidental y acabaría inspirando a investigadores como Albert Hofmann (quien sintetizaría la psilocibina poco después) y a toda una generación de psiconautas, incluido Terence McKenna. Para María Sabina, sin embargo, los hongos —a los que llamaba cariñosamente «niños santos»— no eran una sustancia recreativa sino una vía sagrada de conocimiento y curación transmitida por generaciones de chamanes mazatecos. Ella misma lamentaría después la llegada masiva de «buscadores de Dios» extranjeros a su pueblo:

La droga de la abuela que persiguió la CIA, alucinó a JP Morgan y cambió la historia de la música y los dibujos animados | Historias

 


9. Sigmund Freud (1856-1939): El entusiasmo (y el error) con la cocaína

«[Experimenté] la más hermosa excitación (…) una euforia duradera que en nada se diferencia de la euforia normal de una persona sana.» — Sigmund Freud, Über Coca («Sobre la coca», 1884)

Antes de convertirse en el padre del psicoanálisis, un joven Freud de 28 años se convirtió en un entusiasta defensor de la cocaína, entonces una sustancia legal y promocionada por la industria farmacéutica como una «cura milagrosa». La financiaba, según se ha documentado después, la propia empresa que la fabricaba. Freud llegó a recomendarla como tratamiento para la adicción a la morfina —con consecuencias trágicas para al menos uno de sus pacientes y amigos, que acabó desarrollando una dependencia aún mayor—. Con los años, el propio Freud daría marcha atrás en sus conclusiones iniciales, publicando en 1887 un texto mucho más cauteloso sobre «el ansia y el miedo a la cocaína». Su historia se cita hoy como un recordatorio temprano de lo fácil que es confundir entusiasmo científico con evidencia sólida.

Sigmund Freud - Wikipedia, la enciclopedia libre


10. Timothy Leary (1920-1996): el lema que definió una generación

«Enciende, sintoniza, abandona» («Turn on, tune in, drop out») — Timothy Leary, pronunciada por primera vez en el Human Be-In de San Francisco, 14 de enero de 1967

El psicólogo de Harvard convertido en icono contracultural convirtió esta frase —sugerida, según él, por el filósofo Marshall McLuhan durante un almuerzo— en el lema que definió el «Verano del Amor» de 1967. Leary explicaría más tarde, en su autobiografía Flashbacks (1983), qué quería decir realmente: «encender» significaba activar la propia conciencia interior; «sintonizar», interactuar de forma armoniosa con el entorno a partir de esa nueva perspectiva; y «abandonar» no significaba huir de la sociedad, sino desprenderse de compromisos asumidos de forma inconsciente. Leary fue una figura profundamente polarizante —el propio presidente Nixon lo llegó a llamar «el hombre más peligroso de América»— y su activismo, más ideológico que científico, contribuyó a la criminalización del LSD en 1968 y al parón de décadas en la investigación seria sobre psicodélicos que Roland Griffiths ayudaría a revertir mucho después.

Timothy Leary - Página Indómita


11. Richard Evans Schultes (1915-2001): el padre de la etnobotánica

«El conocimiento botánico de los indígenas está desapareciendo incluso más deprisa que las propias plantas.» — Richard Evans Schultes, revista The Sciences (1994)

El botánico de Harvard Richard Evans Schultes está considerado el padre de la etnobotánica moderna: la disciplina que estudia cómo los pueblos indígenas usan las plantas de su entorno. Entre 1941 y los años 50 documentó el uso de más de 2.000 plantas medicinales entre una docena de tribus del Amazonas colombiano, muchas de las cuales jamás habían visto a un hombre blanco. Nunca llevó armas de fuego, aprendió las lenguas witoto y makuna, y llegó a convertirse en uno de los mayores expertos occidentales en curare. Fue también el primero en identificar científicamente el teonanácatl (el hongo sagrado de María Sabina) y el ololiuqui, una semilla psicoactiva mexicana de propiedades similares al LSD.

Su enfoque —tratar a los pueblos indígenas como maestros y colaboradores, no como objetos de estudio— era radicalmente distinto al de otros exploradores de su época, y explica por qué generó tanta confianza allá donde llegaba. Sin embargo, hacia el final de su vida se mostraba cada vez más preocupado por la velocidad a la que ese conocimiento ancestral se estaba perdiendo:

Su curiosidad científica convivía con un evidente sentido del humor: cuando el escritor William Burroughs le describió una experiencia con ayahuasca como algo que le había cambiado la vida, Schultes respondió sin inmutarse: «Qué curioso, Bill, yo solo vi colores».


Deja un comentario

Languages »