Las dosis bajas de LSD alteran las respuestas emocionales del cerebro en personas con depresión leve

Un nuevo estudio sugiere que dosis bajas del psicodélico dietilamida del ácido lisérgico, más conocido como LSD, pueden mejorar la forma en que el cerebro humano procesa las recompensas emocionales. La investigación, publicada en la revista Journal of Psychopharmacology, señala cambios específicos en la actividad eléctrica cerebral tras la administración de una pequeña dosis en pacientes con depresión leve. Estos cambios neuronales se correspondieron con una mejora del estado de ánimo que se mantuvo durante varios días después de la exposición inicial.

En los últimos años, ha crecido el interés público por la práctica de consumir cantidades muy pequeñas, casi imperceptibles, de sustancias psicodélicas. Este hábito, conocido como microdosificación, suele promocionarse como una forma de mejorar el estado de ánimo, aumentar la creatividad y favorecer la concentración. En particular, tomar pequeñas dosis de LSD cada pocos días se ha popularizado entre quienes buscan alternativas para gestionar la depresión.

Sin embargo, demostrar los beneficios de la microdosificación en condiciones de laboratorio ha sido complicado. Los cuestionarios subjetivos sobre el estado de ánimo a menudo no captan los cambios biológicos sutiles que ocurren a nivel cerebral. Para superar estas limitaciones, los investigadores han empezado a utilizar mediciones directas de la actividad eléctrica del cerebro, con la hipótesis de que analizar las respuestas neuronales ante recompensas podría revelar cambios que los métodos tradicionales no detectan con precisión.

James Glazer, investigador del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Northwestern, lideró el estudio junto a un equipo de la Universidad de Chicago. Basándose en investigaciones previas donde observaron que dosis bajas de LSD alteraban la respuesta cerebral a recompensas monetarias en personas sanas, diseñaron un nuevo experimento para analizar si estos efectos también se daban en individuos con estado de ánimo depresivo.

Las personas con depresión suelen mostrar una menor capacidad para procesar recompensas. Cuando reciben un estímulo positivo, su cerebro responde con menos intensidad que el de personas sin depresión. Esta falta de respuesta emocional puede reducir la motivación y dificultar la adaptación del comportamiento. Los investigadores querían comprobar si una pequeña dosis de LSD podía normalizar este proceso.

Para medir estos cambios, utilizaron electroencefalografía (EEG), una técnica que registra la actividad eléctrica cerebral en tiempo real mediante sensores colocados en el cuero cabelludo.

Dividieron la respuesta cerebral en tres fases:

  1. Una respuesta inicial inmediata al ganar o perder
  2. Una fase motivacional que actualiza la información en la memoria
  3. Una respuesta emocional más prolongada que refleja el valor subjetivo del resultado

Esta última fase está relacionada con la activación de la amígdala, una región clave en el procesamiento emocional que suele funcionar de forma alterada en la depresión. Dado que estudios anteriores mostraban que los psicodélicos afectan la conectividad de la amígdala, los investigadores sospechaban que esta fase sería especialmente sensible al LSD.

El estudio incluyó a 34 voluntarios sanos entre 18 y 35 años, con distintos niveles de síntomas depresivos (de leves a moderados). Cada participante realizó dos sesiones separadas por al menos una semana: en una recibió una dosis baja de LSD (26 microgramos) y en la otra un placebo. El diseño fue doble ciego.

Durante el pico de efecto, los participantes realizaron una tarea en ordenador en la que podían ganar dinero si respondían rápido a ciertos estímulos. Mientras tanto, se registraba su actividad cerebral.

En condiciones normales, perder activa una respuesta emocional más intensa que ganar, ya que el cerebro prioriza el aprendizaje a partir de errores. Esto ayuda a mejorar el comportamiento futuro.

En la sesión con placebo, los participantes con mayor depresión mostraron una respuesta reducida ante la pérdida, confirmando el patrón típico de “embotamiento emocional”.

Sin embargo, bajo los efectos del LSD, esta dinámica cambió:

  • Se amplificó la diferencia entre perder y ganar
  • Aumentó la respuesta emocional ante la pérdida
  • El cerebro volvió a reaccionar de forma más “normal”

Es decir, el LSD pareció restaurar la capacidad de procesar emocionalmente las recompensas.

Además, estos cambios neuronales coincidieron con mejoras subjetivas en el estado de ánimo. Las personas con mayor aumento en la respuesta cerebral fueron también las que reportaron sentirse mejor.

Lo más interesante:
dos días después, estos mismos participantes seguían mostrando niveles más bajos de depresión.

El LSD también modificó la forma en que el cerebro procesaba la motivación en general, reduciendo la diferencia entre tareas con recompensa y tareas neutras. Esto sugiere una mayor implicación global.

No todas las respuestas cerebrales cambiaron. Por ejemplo, la respuesta más inmediata a la recompensa no mostró diferencias significativas, lo que indica que distintas dosis pueden tener efectos distintos.


Limitaciones del estudio

  • Participantes con depresión leve, no clínica
  • Tamaño de muestra reducido
  • Solo se estudiaron efectos agudos

Se necesitan estudios más amplios y a largo plazo, especialmente en pacientes con depresión severa.


Conclusión

Los resultados aportan una base biológica para entender cómo pequeñas dosis de psicodélicos afectan al cerebro.

Sugieren que el LSD podría:

  • restaurar la sensibilidad emocional
  • mejorar el procesamiento de recompensas
  • y actuar como posible herramienta terapéutica

Pero aún queda mucho por investigar, especialmente en cuanto a dosis, efectos prolongados y seguridad.


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